Mi primer embarazo

10/10/2019

Cuando me enteré que estaba embarazada, que había un espermatozoide ganador y un óvulo penetrado, que en idioma comercial son dos rayitas en un test de embarazo, se me llenó el cuerpo de felicidad y cuando rebalsó se convirtió en dudas, miles.

Los primeros tres meses, que dicen que es el momento mas importante del embarazo, porque es donde se forman los todos los órganos, músculos y huesos del bebé, fue para mí un tiempo de formación de la idea de ser mamá, de mirar mi panza y saber que se iba a empezar a estirar como un slime. Lo conté enseguida, ya saben que no puedo guardar muchos secretos.

Al principio querés el bombo de la foto de “embarazada” pero en el primer embarazo tarda un poco en salir, asique vos vas a pasear las dos vidas muy campante, pero nadie sabe qué te pasa adentro.

Sentía ganas de vomitar, nauseas, asco a los olores, sobre todo a comida, pensaba que ella quería ser parte mío, pero ese racimo de células era nuevo para mi cuerpo y no la podía “alojar” y eso que tenía todo el equipamiento y amoblamiento que dicen que es necesario.

  • Esto pasa porque la placenta todavía está madurando, me dijo mi obstetra.

Ahí está, ya tenia a quien echarle la culpa!

La vida se empieza a medir en semanas, y entendí por qué: porque cada semana pasa algo importante en el cuerpo del bebé y en el tuyo. Porque sino también debería usarse esa medida para carreras universitarias, estaciones del año, o contratos de locación, lo cierto es que pasás de la medida popular de “meses” a hablar en semanas, que a mí particularmente me resultaba muy difícil por mi dificultad con las matemáticas.

Empezás a visitar una vez por mes a un médico, que es tu obstetra y te va a decir que cosas sí y que cosas no y te vas del consultorio con una pilita de órdenes para estudios. En la sala de espera charlas con otras “colegas” de bombos y te van contando cosas, siempre tenía mucho tiempo de espera.

Cuando caminás por la calle contás panzas, miras modelos de cochecitos y te sentás en una plaza a practicar esa moda de mirar bajitos.

Leía de embarazos para entender más y me llamaba la atención que hay hasta cuadros donde se estudia todo, por estadística y probabilidades, por ejemplo hasta podes saber si va a sacar ojos claros o no, que locura la genética!

Con respecto a la comida, no engordé mucho, porque en mi vida pre embarazada comía sano asique mis antojos eran “zapallitos rellenos” re difíciles de conseguir a las 2 de la mañana.

Salía a caminar todos los días unas dos horas con una amiga, sentía que tenía que hacer todo el tiempo cosas, porque eso de esperar, de dulce no tiene nada, y para ganarle a la ansiedad y no volverme monotemática hacía bastante. Hasta recuerdo haber lijado seis sillas francesas en el balcón de mi casa en ese entonces, mientras estaba en el octavo mes de embarazo, ah perdón, en la semana 32.

Lo que mas me molestó de los cambios en mi cuerpo fue no tener tobillos y ya en la ultima parte del embarazo no poder calzarme porque mi pie era un pebete. Tenía claramente retención de líquidos pero no pude dejar la sal y el verano deschavó mi rebeldía, solo quería estar descalza y por momentos necesitaba mas pies para soportar tanto líquido.

Tuve muchos dolores de cabeza porque hay mayor torrente sanguíneo y eso no ayuda si hay tendencia a las jaquecas asique me hacían masajes para aliviarlos, pero fueron bastante intensos y molestos.

El ultimo mes mi panza era muy grande, no sabía donde se iba a ir toda esa piel una vez que me sacaran a Lupe, dormía con una almohada entre las piernas para que no me doliera la cintura y cuando Lupe pateaba sentía que la patita o el brazo me iba a salir por la boca.

Estar embarazada no fue mi estado ideal, no extrañé la panza después del parto, estaba feliz de tener a Lupe afuera, acariciarla, hamacarla, darle besos, se me hizo muy larga la espera de imaginarla.

  

 


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