Complejo de Edipo

02/12/2014
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Y un día pasó…”quiero ir con papá”, me dijo Lupe. En ese momento se me quebró el corazón, nunca que estaba conmigo necesitaba ir con papá. Volvíamos de las vacaciones y Juan había atendido TODAS las demandas, todos los deseos, todos los pedidos, había sido un papá al 100% y ahí estaba el premio.

Estaba muy emocionada por esa situación, ver como Lupe se enamoró de su papá me trajo muchos recuerdos y a la vez me hizo estar muy orgullosa de Juan. El idilio fue creciendo a medida que transcurría la semana, Juan sabía cómo hacer para que Lupe le perdiera el miedo al mar, le buscaba aventuras nuevas, armaba con ella castillos en la arena, y la llevaba a caballito cuando se le “cansaban las piernas” (como dice ella). Hubo más complicidad, más de la mano, más sonrisas, más cosquillas, más mimos, mas fotos, más PAPÁ 24 horas.

Fue pasando naturalmente mientras yo estaba con Lucia. Sabía que las mujeres son del papá, pero eso nunca lo había sentido. Fue muy lindo pero también me produjo mucha angustia por no ser “la más querida”, como siempre. Sentirán eso los papás cuando nace un hijo?, ver como la mamá derrocha cariño y cariño en una sola dirección, que no es la de ellos?

Esa contradicción, entre alegría y angustia, entre amor y falla, entre subjetividad y maternidad, entre emoción y dolor, es la comprobación de que hay un hueco, un agujero en las mamás, que permite que entre el papá.

Es no estar para que el otro esté, y esa es la paternidad en su máxima expresión, creo.

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