Cuando me alejo

02/05/2019

Me pongo la pollera fucsia, me maquillo y me saco el traje de mamá por un rato, sé que se quedan con Juan y él se va a ocupar de las demandas del día.

  • Divertite y pasala lindo -me dice él

Lupe me pregunta:

  • ¿a dónde vas?
  • a almorzar con Flor, mi amiga.
  • Ma, siempre te encontrás con alguien…

No me hago cargo de la factura, porque la realidad es que no es tan seguido y también es lindo que quieran que siempre esté ahí.

Mientras me alejo de casa, siento un viento de libertad, me siento distinta y me gusta cuando salgo sola.

En el lugar pido mesa para dos, Flor todavía no llegó y la espero mientras tomo un trago con maracuyá, vodka y lima, que me ofrece el mozo como recomendación.

Voy mirando las opciones de la carta y mientras elijo pispeo redes, y me entretengo con pavadas.

Flor viene desde lejos y decidimos, para poder vernos, poner un punto medio, en Vicente López, me va a mostrar el autito nuevo que se compró, que es una bolita con ruedas y está chocha porque gasta poco.

Llega Flor y a penas se sienta, el torrente de palabras no para, nos queremos contar todo y vamos saltando de tema en tema como un magazine de la tarde, sin publicidad.

El lugar es grande y está lleno, pero nosotras estamos concentradas en nuestras historias, hasta nos molesta el mozo cada vez que viene a preguntarnos:

  • ¿les tomo el pedido?
  • Ay, perdón, no elegimos

Pasamos de temas como cuánto gasta un motor 1.0, a cómo está la perra que tenia un grano de grasa. A ella la conozco hace mucho, como hace quince años. Nos conocimos en un viaje de Asatej, que era una agencia para jóvenes, en una aventura a Calafate y el Chaltén.

Las dos muy distintas y seguimos siendo amigas desde ahí.

Las mesas van cambiando, la gente pide la cuenta, se va y pasan los que estaban esperando. Nosotras seguimos charlando en nuestro box. Los teléfonos de cada una están sobre la mesa, de espaldas, el encuentro no admite interrupciones.

Nos reímos, nos ponemos serias, nos damos consejos.

Después del plato fuerte, Flor pide su postre, con helado, chocolate y todas las cosas dulces que un plato puede tener, es muy golosa, yo paso.

En un momento, ya no queda nada en la mesa, ni silencios, seguimos dale que dale, dirían las viejas, entonces Flor dice:

  • las 4.30!...
  • Uy si, tengo que ir a lo de mi hermana por su cumple, vamos cerrando.

Pedimos la cuenta, pensamos que nuestro mozo ya había cambiado de turno, pero no, todavía estaba ahí, con su trajecito blanco y su pelo parado con gel, esperando la propina que muy bien se ganó. Nos vamos del lugar.

Seguimos charlando mientras bajamos al subsuelo para que Flor me muestre el autito colorado.

  • Y, mirá el baúl lo chiquito que es! Ni una carry on!
  • Bueno, que lindo verte!, hagámoslo mas seguido
  • Dale, dale
  • ¿Se quedan en vacaciones de invierno?
  • Ni idea -le digo
  • Va a haber muchas obras para las chicas (ella trabaja en el San Martin)
  • Bueno, ¡igual nos vemos antes!

Nos saludamos y salgo para la casa de mi hermana, en el medio le mando un mensaje a Juan y pienso, hoy voy a llegar tarde, las vi poco a las chicas…

 

 

 

 

 


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