Mamá fue mochilera

17/05/2018

Tenía pelo largo, rubio, pajizo, dormía en carpa en un camping de Playa del Carmen, se levantaba y tomaba un litro de agua…venía de Austria, de un pueblito que se llamaba Baden.

A nosotras nos habían robado todo, pasamos de vivir en un hotel 5 estrellas a dormir en el auto con lo puesto, de brushing y salidas nocturnas a guiso compartido en mesas alrededor de un fogón…

 

¿Quién está en el lugar donde quiere estar?

¿Quién trabaja de lo que ama?

¿Quién duerme hasta la hora que quiere?

¿Quién planea el mes por anticipado?

 

Bernardo nos ayudó y compartió todo lo que tenía, que era prácticamente nada, pero para él era todo. Nos presentó sus amigos y nos mostró que la vida era simple, no se necesitaba más.

El primer día, después de la angustia, la denuncia, donde un oficial mexicano tipeaba en una oficina de mala muerte, “tres bombachas Victoria Secret”… que ridículo parecía todo…

Nos miramos con Romina y dijimos ¿qué hacemos?, ¿nos volvemos una semana antes o nos quedamos y vivimos este desafío?

La respuesta fue “nos quedamos”, entre lagrimas y miedos…

Conocimos gente encantadora, disfrutamos de la playa una semana más, comimos a la luz de las velas, dormimos en hamacas paraguayas, volvimos a DF en el auto con tres españoles que estaban yendo a probar cactus alucinógeno y que conocían todas las drogas, nos paró la policía varias veces, llenamos el diario de viaje de anécdotas y me quedé con el mail de Bernardo…

 

¿Quién busca una opción cada año?

¿Quién aprieta el botón de “escape” y parte?

¿Quién se levanta todos los días dispuesto a cambiar el mundo?

¿Quién bucea siempre nuevas canciones?

¿Quién siente que no es por ahí?

 

Un año después, emprendimos otro viaje con Romina, esta vez a Europa con pasaje abierto, las mismas ganas de aventura, la misma mochila, la misma dupla.

Empezamos por el norte, Gran Bretaña en auto, y después en el continente, gastamos el eural pass.

Una vez que bajamos a Francia, nos tomábamos trenes como quien se toma un licuado, sin pensarlo íbamos de Bélgica a Italia, y si no nos gustaba algo, otro tren!, ese pase era como tener la lámpara de Aladino en la mano.

Cuando llegamos a Austria, recorrimos Viena, caminamos por la peatonal Karntner Strasse, vimos la catedral gótica Stephansdom, realmente impresionante y después nos fuimos a la costa del Danubio buscando “la foto”. A la noche fuimos a ver una opera con ballet y orquesta en Holburg, el palacio imperial de Viena. Después nos encontramos con un señor argentino que nos invito un café y de ahí terminamos en Mc Donald´s con dos suizos.

 

¿Quién hace las preguntas?

¿Quién lee solo las respuestas?

¿Quién toma la vida en chiste?

Quién se ahoga en un vaso de agua?

Quién piensa y luego existe?

 

Al otro día fuimos a caminar por una calle de Viena donde antes hubo una muralla, y después a la casa de Mozart, y le dije a Romina, “quiero ir a Baden”, el pueblito de Bernardo, el austríaco. Era a quince minutos en tren asique no podía decirme que no.

Llegamos a las 3 de la tarde. Es una ciudad increíble, una maqueta perfecta. Nos quedamos en una plaza central escuchando un concierto de música clásica a “cielo abierto”. Después caminamos por distintas callecitas, buscando…

El nos había dicho que se había querido ir porque el lugar donde vivía era muy aburrido, y podía entender viendo todo eso el contraste Badén-Playa del Carmen, el contraste perfección versus caos..

En Latinoamérica tenemos improvisación, descontrol, espontaneidad, ruido, impuntualidad, tenemos tanto de todo eso que podríamos exportar un poco, a pueblitos como Baden…

 

¿Quién quiere jugar siempre?

¿Quién no tiene miedo de partir?

¿Quién busca todo el tiempo algo nuevo?

¿Quién está pendiente del reloj?

¿Quién vive como si cada minuto fuera el último?

 

Entendí como alguien como Bernardo había nacido en el lugar equivocado, cómo alguien así podía “morar” en un lugar como Baden, era imposible.

Sus células eran mucho mas latinas que austríacas.

Fue una tarde linda, una tarde que se podía pintar con acuarelas en nuestro viaje, una tarde que por alguna razón estuvo en nuestras vidas.

Tipo 7 volvimos a Viena y reservamos el pasaje a Praga.

¡Adiós Bernardo!

 

 


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