Un plato y dos cubiertos

02/06/2017

Teníamos un plato de lata y dos cubiertos en la mochila de mano, junto con una cámara de rollo (que antigüedad!), un diario de viaje y algunas cosas de aseo personal y en la mochila de 80 litros que iba en la espalda, había bastantes cosas mas, sobre todo ropa, para el frio y para el calor, poca pero lo necesario, hasta había algunas cositas lindas para salidas de noche.

Estábamos en Europa en una aventura que en principio iba a durar 3 meses, porque eso era lo que decía nuestro “eurailpass” ilimitado. Era un ticket para trenes que te permitía por un costo fijo viajar ilimitadamente por todo los países de la unión europea por un tiempo determinado, se podía comprar por uno, dos o tres meses y compramos el máximo!. Nuestro ticket aéreo tenia la vuelta abierta, porque sino ¿donde estaba la aventura?, todo podía pasar…

Este viaje lo iniciamos con mi amiga del alma, Romina, con la que me llevaba excelente! Hoy vive en Israel. Ahorramos durante un tiempo eligiendo un recorrido en el que íbamos a gastar nuestros pocos dólares. Contábamos con que íbamos a tener mucha suerte, bastantes familiares y amigos a los que recurrir, y sobre todo ganas, ganas de pasarla bien.

Sabíamos que a la hora de comer, necesitábamos nuestro plato, algunas latas, y un lugar para sentarnos, los paisajes variaban muchísimo, desde un parque en París mirando la Torre, a una estación de tren, en algún banco del andén, esperando que salga el nuestro.

Cuando el cambio nos favorecía mucho, como en Grecia, abandonábamos nuestro plato de lata y comíamos en lindísimos restaurantes al lado de la playa mirando el mar y cuando el país era muy caro, nos amigábamos de nuevo con las arvejas, los choclos, el tomate y el atún.

Lo importante no era lo que había en el plato, la atracción pasaba por otro lugar, éramos mochileras y estábamos recorriendo el viejo continente, mientras no nos hiciera ruido la panza, la alegría pasaba por encontrar buenos hostels, excursiones interesantes, amigos temporarios para compartir momentos, todo formaba parte de esa anécdota que de grandes les contaríamos a nuestros nietos.

Teníamos 25 años y un espíritu tan curioso, tan insolente, tan atrevido…

Gracias a que mamá y papá no me pusieron ninguna traba, pude dejar Buenos aires con una mochila cargada de expectativas y una amiga de esas a las que no hace falta hablarle mucho para sentir como te lee.

A la mañana planeábamos el día,, lo que queríamos ver y cuál iba a ser nuestro próxima ciudad para visitar.

Llegamos a los tres meses y nos quedamos a trabajar en Ibiza. Con los últimos U$ 50 dólares en la billetera conseguimos trabajo, comida y casa. Vivimos con un traficante que nos contó que vendía oro, pero sabíamos que no era así, hice mi primer llamada a casa a los tres meses de estar viajando desde un teléfono pinchado en un camping de Ibiza, viajamos en un barco a cielo abierto con 100 mochileros mas cruzando el mediterráneo, dormimos en un hotel con un italiano, una noche que no conseguíamos lugar y nos prestó la cama de al lado con la única condición de que a las 6 a.m. nos teníamos que ir, servimos tragos a ingleses en una isla en España sin conocer absolutamente nada de bartender, alquilamos auto en Londres y llegamos hasta Edimburgo recorriendo toda la isla, vivimos en un departamento prestado una semana en Amsterdam, vivimos un show policial durante una noche en un tren cuando estábamos cruzando la frontera entre España y Francia, estuvimos en fiestas de ocupas en España, volamos nuevamente a Paris al regreso para ver la torre por segunda vez. Se puede decir que nos dimos todos los gustos, hasta estuvimos en Mónaco, paseando por las calles lujosas, siempre con nuestro plato de lata a mano.

Al finalizar el viaje Romina se había enamorado de un francés y volvía a Buenos Aires a contarle a la familia que se iba a vivir a Barcelona con él.

Yo volvía con la mochila cargada de experiencia, con los zapatos gastados de tanto caminar y con ganas de contarles a todos, la increíble aventura que habíamos hecho durante 5 meses y medio!

Ah, el plato de lata volvió por supuesto con unas ganas increíbles de recibir un buen asado!

 

PD: persigan lo que quieran hacer, no se dejen atrapar por argumentos, busquen herramientas cuando la realidad sea adversa, porque créanme que vale la pena!


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